poesia

Acuarela

No tendré más propiedad que la cordura,
y la paciencia
para escuchar cómo se queja el acebo.

Nada le exigiiré,
no seré más que un fragmento del mutismo
que nos convierte en cómplices.

Seré los oídos
para las hojas que silban
dentro del viento de una tarde nubosa,
el que ausculte en sus raíces
la energía de la tierra
dibujando sobre las ramas
el garabato y el boceto de sus frutos
con una tiza roja de otoño.

Una acuarela de cielo será el refugio
para todos nuestros días del agua,
paraguas captador de sueños,
viento de luz.

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