poesia

Cobardía

Aún ahora es mi pecho 
avispero imperdonable e insensato,
llaga sangrante aún.

Nadie mejor que yo para saberlo;
durante seis años
le he hecho aspavientos lentos al viento
y algoritmos al amor
cuando pronunciando adioses
me imaginaba cadenas,
cuando siendo un cobarde
iba dejando pisadas entre pies ajenos
y mi temor y mi vergüenza
creaban la mendicidad con sus excusas.

Nunca alcanzaré a conocerme
si sigo alargando esta búsqueda
entre las sombras y las luces que traicioné;
nadie debe llorar mis propias lágrimas,
aunque a veces
yo mismo os haya recitado los versos
con los que antaño
dibujé las líneas curvas del dolor.

En este momento
en el que ni tan siquiera para mí escribo
espero ser maestro diminuto
de lo imperfecto,
renuncio a los aplausos
con los que se me pervirtió el alma,
pues es el tiempo de guardar su perdón
entre la libertad de mi silencio
como el de quien guarda
el ajuar de un casamiento invisible.


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