poesia

En las esquinas

Fue para nosotros una luna cáustica 
la de aquel enero remoto,
el torbellino silvestre
que nos impulsó
a detenernos en tus calles.
Era nuestra la Nada;
quizá por eso
pretendimos hacer de las memorias
una muleta imprescindible
con la que sostener los desvaríos
de dos locos arrogantes,
quizá por eso
la truculencia del deseo
quiso convertirme en el comprador
de tu espíritu volátil.
(Quizá por eso estalló la ira
dentro de nuestros bolsillos cobardes).
Ahora la Nada  es dueña,
es nuestra metamorfosis silenciosa,
crisálida de todos los temores;
con su corteza
fabricaremos máscaras
para rebatir nuestra miopía estúpida
y empujarla hacia el paraninfo
de la ignorancia
con la que sanearemos los tiempos
de tu libertad y de la mía,
unidas sobre nuestro paraíso de lluvia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *