poesia

PINCEL Y PIEL

Embadurna sus huellas digitales
con los óleos
que transpira cada día en su verdad,
las restriega como carmín sin tregua ni renuncia,
como pincel de aire en su aire.

Desde la sencillez de su alcázar
se deja aconsejar
por la huella de un lápiz,
con el rumor del aceite en sus dedos,
y la verdad de la herida
dibujada por sus labios
destruyéndose en un olivar de dolor.

Por esa razón,
queriendo ser sibila,
ha tatuado sus ojos
con un sinfin de mariposas blancas;
así aspira a descifrar
como se desvanece su piel muerta.

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