poesia

Supliqué

Yo, enfermo y delirado,
como regalo de Reyes supliqué,
con cien quejidos vanidosos,
la velocidad del arroyuelo,
la tozudes de las olas,
y los carámbanos
nacidos con el invierno
en los aleros de las montañas,
y yo,
el niño intransigente
encumbrado por la fiebre terca
de todas sus Navidades,
exigí lo que nunca será presencia
ni pasos en mis tímpanos,
lo que nunca debí pedir,
lo que no pretendo tener
ni jamás hacerlo mío.

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