poesia

Te dejo mis ojos


Por si no me recuerdas,
o si por si acaso
no has conocido mi espíritu,
te dejo mis ojos,
mis labios y mi voz
en una esquina vital,
al abrigo de los recuerdos
de los que fuimos navegantes,
ante el horizonte de nuestros pájaros
y de todos aquellos mensajes
de menos de cien palabras.

Elevo mis súplicas;
pido que el brillo
que emane de tus pupilas
se acreciente sin pausa,
que crezca inocente
con la primera luz de cada Sol,
que ilumine tu espera,
que el aire se alimente con tu risa,
que cada frase que escuches
se convierta en un destello,
le pido a la montaña que amas
que siga protegiendo tu caminar,
que te haga como ella, fuerte,
como ella, cierta,
que sea tú sin pedir nada.

Me voy;
te pido perdón
por haber sido el general cobarde
que aparentaba ardor guerrero
con arengas y soflamas
como triquiñuelas para enviarte
a la primera línea de fuego,
me alegra el haber sido derrotado
en las guerras y en las páginas
que complementé con ira
entre mis sonetos infames.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *