poesia

Tictac

Tal vez soledad compartida
de esta estrecha tarde de octubre,
cuando tras los acordes
de dos relojes de horas dispersas
nos unimos con recuerdos y miradas
hasta robarle
todo su tiempo al tiempo,
tanteando tentaciones con la voz
y arañándole segundos
al eco sin freno ni estribo
de nuestras frases lejanas.

Y como mariposas convulsas
vuelan deseos entre nosotros,
hijas tal vez
de esta soledad compartida,
de los gestos que son hijos
del amor en la distancia,
de algún «adiós» temido
pugnando por transformarse
en un beso en nuestros labios
o queriendo ser un «hola»,
salvaje sobre la piel
que su soledad suspira.

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