poesia

VIENTO SECO

Sentado a las puertas del infierno
fui la coartada para la ficción de tu llanto,
títere infecundo,
infectado por la mortalidad de tus dichos
y por la laxitud de una lágrima imposible.

Vaciabas mi alma con tus ojeras
y con la cubierta suspicaz de tus frases,
agresivas eran tus ventanas
y herencia opaca de tus significados,
dañino fue lo ínfimo del infinito
que decías amar.

Se agostaron los versos
con los que pretendí nutrir
el aquelarre de tu disfraz alegre,
los que fueron emplastos
para tu ambición sin medida;
y si antaño tus gritos
fueron el origen infecundo de mi tristeza
ahora los bautizo,
con tu ausencia y con mi partida,
como el promontorio virgen
del millar de mis nuevas coordenadas.

Gracias por haber agitado el aire
con el abanico de la inocencia perdida:
he logrado que nazcan de tus sombras
una premonición de amaneceres.

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